Bélgica se subió al podio que merecía por juego y generosidad

Ganó 6 de los 7 partidos que jugó. Ahora arrodilló a Inglaterra con un 2-0. Lo hizo aferrado a su estilo seductor, con mucha movilidad y velocidad. Hazard fue el mejor.

¿Cuántas selecciones de antemano firmarían un tercer o un cuarto puesto en un Mundial? Más que muchas. Seguro. Sin embargo, una vez que se transita el recorrido y que se llega a la instancia del partido por el tercer puesto, se instala una sensación que se repite cada cuatro años: nadie quiere jugar esos noventa minutos. Es que quedarse tan cerca de la final y mirarla por televisión representa una gran frustración. Ni siquiera el premio de la FIFA actúa como un anzuelo ultra eficaz: 24.700.000 dólares para el ganador y 22.300.000 para el perdedor. De todos modos, no existe otra alternativa. Hay que jugar por ese tesoro consuelo. Bélgica fue por él y lo atrapó. Fue un acto de justicia…

La expresión futbolera de la selección de Roberto Martínez tal vez haya sido una de las más sensuales e intrépidas de la Copa del Mundo. Una propuesta dinámica, fresca, con movilidad total, con sus intérpretes otorgando pocas referencias posicionales, ambiciosa. Merecía Bélgica un lugar en el podio.

Lo de Inglaterra también fue interesante, pero no en la misma dimensión. De hecho, a este partido por el tercer puesto lo encaró con menos convicción que los Diablos Rojos. Y si se desmenuza el Mundial de la selección de Gareth Southgate, perdió las dos veces con Bélgica, cayó ante Croacia, a Colombia sólo la superó en los penales y atrapó victorias en cancha únicamente contra las débiles Panamá y Túnez… ¿Hasta dónde fue un buen Mundial inglés o no?

La cuestión es que otra vez gozó Bélgica. Y empezó a hacerlo desde bien temprano, nada menos que con su gol más precoz en la historia de los mundiales. A los tres minutos ya ganaba. Todo por una jugada edificada en velocidad, con transiciones muy rápidas, cerrada por los hombres externos en esa interesante propuesta del español Roberto Martínez: por la izquierda, desbordó y metió un centro atrás justo Chadli; y por adentro, apareció Meunier como un flash para empujarla casi debajo del arco.

De la mano de Hazard, las mejores sensaciones en general las sembró Bélgica, con los espacios y la comodidad que le ofrecía la ventaja lograda en el amanecer de la historia y aprovechando que casi todo el mediocampo de Inglaterra era el suplente. Para dejar esa impresión no necesitó tener mucho la pelota: en esos 45 minutos la posesión fue para Inglaterra con un 56 por ciento.

La historia fue bastante parecida en el complemento. Inglaterra sólo hilvanar una jugada de peligro verdadero. Dier tiró una pared con Sterling y fue a definir el mano a mano que significaba el empate. Era gol, pero apareció una barrida milagrosa en la línea de Alderweireld. Iba a ser la última.

Como si ese episodio le hubiera marcado a Bélgica que no podía llevar el partido a una zona de riesgo, ya con Inglaterra más jugada, la selección de Roberto Martínez coronó sus instantes más dulces en ese ratito final.

Hubo un contraataque sensacional, con paredes y con dos tacos incluidos, que arrancó por la derecha y que concluyó por la izquierda con un derechazo de primera y de aire de Meunier que hizo volar a Pickford. Y casi enganchado, otra salida rápida desde el medio que manejó De Bruyne con maestría, esperando el momento exacto para ponerle la asistencia a Hazard, quien frente al arquero no dudó.

El problema de Inglaterra durante todo el partido fue su dificultad para arrimarse al arco de Courtois. Aparte de aquella situación de mano a mano, hubo algún cabezazo débil en un par de córners y un remate mordido, imperfecto, frente al arco de Kane, el goleador del Mundial que atraviesa un estado de sequía y que en las series mano a mano sólo le anotó uno y de penal a Colombia. Vaya si lo sintió Inglaterra.

Eso sí, el goleador sin condimento no sólo fue Kane. Con dos gritos menos, Lukaku soñaba con alcanzarlo. Podría haberlo hecho el centro delantero si no controlaba mal dos pelotas que lo posicionaban en situación de festejo. Y terminó reemplazado.

Se fue el Mundial para Bélgica, el equipo más goleador, el que ganó la zona de grupos con puntaje perfecto, el que acumuló seis victorias y sólo una derrota, el que eliminó a Japón con una remontada impactante, el que dejó afuera a Brasil, el que no fue finalista por una pelota parada contra Francia. Ahí está Bélgica, en el podio, en su mejor Copa del Mundo de la historia. Se lo ganó a pura generosidad con el juego y con el espectáculo.

Ver más | clarin.com

Esto también puede interesar: