Cuando una prueba de ADN revela secretos familiares

Las pruebas de ADN ‘caseras’, kits para captar muestras que luego son analizadas para revelar los orígenes del árbol genealógico y el contexto étnico de la persona o identificar riesgos de ciertas enfermedades, tienen creciente popularidad.

Es una industria activa y muchos recurren a sus servicios por curiosidad y hasta por diversión.

Al hacerlo, algunos se llevan tremendas sorpresas que llegan a crearles conmoción.

Por ejemplo, cuando los resultados de esos exámenes muestran que la persona que hizo analizar su ADN no es en realidad hija de quien creía que era.

Resultados que no son solo sorpresa: a muchos los sacude severamente y trastoca su sentido de identidad y la percepción que, por años, a veces toda una vida, tuvieron sobre sus padres y su familia.

Es el caso de Catherine St. Clair, de 56 años. Su hermano le regaló de cumpleaños un test de la empresa Ancestry DNA y ella, como relata The Atlantic, lo usó para detallar su árbol genealógico, como miles de clientes de esa compañía.

Cuando recibió sus resultados, se dio cuenta de que su hermano no estaba presente en el linaje genealógico como ella esperaba.

Se comunicó con la empresa Ancestry DNA para preguntar si esa omisión se debía a un error técnico y entonces fue cuando, en una llamada de servicio al cliente, se enteró de una noticia que le cayó como un balde de agua fría.

No había tal error en los resultados. El ADN de ella y el de su hermano sólo coincidían en su rama materna y eran diferentes en la paterna.

Es decir, solo eran medios hermanos y el hombre que ella creyó toda su vida que era su padre en realidad no tenía relación biológica con ella. Su padre era otra persona.

“Me miré en el espejo y empecé a llorar”, dijo St. Clair a The Atlantic. La revelación de que su padre biológico no era quien pensaba la sacudió poderosamente.

Al final, analizando a fondo los datos de Ancestry DNA, ella logró identificar a su progenitor. Pero eso no disipó del todo sus inquietudes ni sus emociones encontradas.

Entonces, como se contó en el programa de televisión Good Morning America (GMA), St. Clair decidió buscar a más personas que, como ella, se hubieran enterado por una prueba de ADN de que en realidad sus padres y sus orígenes no eran los que pensaban. Creó un grupo privado en Facebook, llamado ‘DNA NPE Friends’ (las siglas NPE, ‘Not parent expected’, aluden a personas que se dieron cuenta por un examen de DNA que su padre o madre no era quién pensaban), para intercambiar testimonios y darse apoyo mutuamente. “Nuestro objetivo es recuperar la paz”, dijo St. Clair a GMA.

Una integrante de ese grupo en Facebook es Hope Lamonica. Ella dijo al citado programa de TV que al revisar los resultados de su análisis de ADN supo que su linaje provino de Camerún y Congo, en África, y que entre las personas con las que tiene parentesco hay una que, por su cercanía genética “sería su padre, su hijo o su gemelo idéntico”.

El problema es que ella no sabía quién era esa persona. Lamonica logró contactar a ese individuo y entonces, al hablar por teléfono, él le reveló que era su padre biológico. Como a St. Clair, el enterarse de que en realidad no era hija del hombre que toda su vida consideró su padre la sacudió. Pero Lamonica dijo que con el apoyo de los miembros del grupo DNA NPE Friends ha logrado superarlo.

Casos similares, algunos más o menos auspiciosos, construyen la comunidad en ese grupo de Facebook y entre ellos han forjado una hermandad no genética basada en la experiencia común.

Y la sorpresa y el choque no es solo para quien se entera que su padre o madre no es quien pensaba, sino también para los progenitores que, de repente, entran en contacto con sus retoños perdidos, olvidados, abandonados, desconocidos. Aunque algunos padres son receptivos a establecer contacto con sus descendientes, otros se resisten. The Atlantic, por ejemplo, indicó que en sus conversaciones con una docena de personas en esa situación afloraron historias punzantes: los exámenes de ADN revelaron infidelidades ocultas, médicos de fertilidad que usaron su propio esperma para inseminar a sus pacientes e incluso casos de violación o incesto que fueron sepultados por décadas.

Reabrirlos es doloroso y a veces intolerable, sobre todo para quienes, ya en la tercera edad, jamás se imaginaron, como indicó la citada revista, “un mundo en el que un kit de análisis de ADN de 99 dólares que se envía por correo” iba a desenterrar sus secretos más hondos y, en muchos casos, más lastimosos.

Pero ese es el mundo de hoy. Como señalaron a GMA voceros de 23AndMe y Ancestry.com, dos de las principales empresas que comercializan esos kits de análisis de ADN, muchos clientes encuentran resultados inesperados en sus reportes. Algunos de ellos se reúnen con sus familias reencontradas o recién descubiertas, pero otras enfrentan peripecias al respecto.

Un recordatorio de que escrutar el ADN no es un mero juego. Los secretos de la cadena en la que se sustenta la vida pueden, ciertamente, cambiarle la vida a uno.

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