Desenterrar Tiananmen

En vísperas del 26º aniversario de la masacre de Tiananmen, algunas voces críticas con el Gobierno chino se han alzado exigiendo justicia para las víctimas de la matanza y que se ponga fin al secretismo que envuelve a estos trágicos hechos, un asunto espinoso para los dirigentes del Partido Comunista Chino.

Desenterrar Tiananmen

La agrupación Madres de Tiananmen, que reúne a los familiares de 127 víctimas de los asesinatos cometidos en 1989 por el Ejército Popular en Pekín, declaró en una carta que los dirigentes del país asiático deberían afrontar las responsabilidades pendientes por este crimen histórico de la misma manera que China se las exige a Japón por los atropellos cometidos durante la Segunda Guerra Mundial.

En la misiva, publicada desde Nueva York a través de la organización Derechos Humanos en China, citan las palabras que el primer ministro chino Li Keqiang pronunció en marzo de este año cuando aseveró que “los líderes de una nación no solo heredan los éxitos de sus predecesores, también deben cargar con la responsabilidad histórica de sus crímenes”.

“Por la misma lógica, ¿no deberían los líderes de hoy asumir la responsabilidad por los crímenes, el hambre y las masacres perpetradas en su propio país por los gobernantes de China en aquel momento?”, recalcó el escrito. Y es que, según expresaban, los mandatarios “no pueden imponer una amnesia obligatoria y recordar lo que es beneficioso para ellos mientras se olvidan de lo que les perjudica”.

Madres de Tiananamen se creó en septiembre del 89 cuando Ding Zilin y su marido Jiang Peikun conocieron a Zhang Xianling. Los hijos de las dos mujeres, de 17 y 19 años respectivamente, habían sido asesinados en la plaza cuando entraron las tropas enviadas por el Gobierno para aplastar las protestas. “Nos dimos cuenta de que esto no era una tragedia familiar sino nacional, y por eso nos unimos”, declaró hace un año Zhang en una entrevista.

“Cuando miro hacia atrás, pienso que había un problema con el sistema. Fue una tragedia para la democracia”, declaró Ding, una de las madres de la plaza

Desde entonces, han soportado la vigilancia y acoso de las autoridades e incluso han sido sometidas a arrestos domiciliarios de manera intermitente. Con motivo del 25 aniversario de la masacre, Ding y su marido fueron obligados a “viajar” a otro lugar, y ni siquiera pudieron recordar a su hijo fallecido en la privacidad de su casa, lugar donde reposan las cenizas. “Cuando miro hacia atrás y recuerdo lo que sucedió hace 20 años, pienso que había un problema con el sistema. Fue una tragedia para la democracia”, declaró Ding a la BBC hace unos años.

Como respuesta a este escrito, la portavoz del Ministerio de Exteriores chino Hua Chunying subrayó que hace tiempo que el país había superado estos “incidentes” -como así los califican las autoridades-, y que “los más de 30 años de grandes avances logrados por la reforma de China y su apertura han demostrado que el camino de desarrollo que el país ha escogido es el correcto”.

Más agria fue la contestación que obtuvo un grupo de 11 alumnos chinos que estudian en el extranjero, a quienes un diario estatal acusó de servir a “fuerzas extranjeras hostiles” y tratar de “dividir a la sociedad” tras haber remitido una carta en la que pedían acabar con el secretismo acerca de lo ocurrido al tiempo que exigían responsabilidades.

Uno de los firmantes, Gu Yi, estudiante de Química en la universidad de Georgia, dijo que el grupo se sentía con la obligación moral de compartir la información que habían ido recabando tras dejar su país sobre lo que sucedió en la plaza y la sangrienta represión ejercida por el Gobierno en 1989. “Como ciudadano chino con acceso a la información, siento que tengo la responsabilidad de contar a mis conciudadanos lo que sé. Hemos vivido bajo el miedo durante muchos años. Ahora queremos derrotar ese temor y poder vivir en libertad”.

Sin embargo, para el periódico ‘Global Times’, afín al Partido Comunista, “la sociedad china ha alcanzado el consenso de no debatir el incidente de 1989”. Para este rotativo, “mientras que China está tratando de mirar hacia el futuro, algunos intentan remover la historia en un esfuerzo por dividir a la sociedad”.

Durante estos días, organizaciones como Human Rights Watch o Amnistía Internacional se han sumado a estos llamamientos. Ambas exigen la puesta en libertad de varios activistas pro derechos humanos encarcelados en China, como la del abogado Phu Zhiqinag, la periodista Gao Yu o los intelectuales Guo Yushan o Guo Feixiong,víctimas de la campaña de represión contra la sociedad civil que está llevando a cabo el Ejecutivo de Xi Jinping en los últimos dos años.

En toda China, gente de todo tipo continúa demandando sus derechos a participar en la formulación e implementación de las políticas que afectan a su vida diaria, declaró HRW en una nota de prensa. Según la organización, la Academia China de Ciencias Sociales ha informado de que en el país se producen cada año unos 100.000 “incidentes de masas” o protestas con al menos 100 personas, y advirtió de que ese número puede crecer.

Pese al desconocimiento que reina entre una gran parte de la población sobre lo que aconteció en Tiananmen, las autoridades del país todavía la tienen muy presente en su agenda y cada año, en vísperas a esta fecha, las medidas de control se extreman en la capital y otros lugares sensibles del país.

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