El Brasil del futuro: un apocalipsis llamado Bolsonaro

En Netflix parecen haberse adelantado a lo que sucedería en Brasil en caso de que Jair Bolsonaro gane las elecciones.

La serie se llama 3% y habla de un mundo distópico que se encuentra separado entre la clase rica, que habita un espacio en donde reina la abundancia, y los pobres, confinados a territorios plagados de delincuencia y hambre.

Un hecho a resaltar es que la serie se produce enteramente en Brasil. Como siempre suele pasar, la ciencia ficción nos brinda un vistazo cruel pero muy honesto sobre los futuros posibles.

El domingo 28 de octubre, Brasil decidirá su destino entre dos opciones que llevarán al país a rumbos muy distintos. Con las encuestas y medios de comunicación dando a Jair Bolsonaro como favorito frente a Fernando Haddad, hemos decidido jugar un poco a los escenarios, para mostrar que debemos esperar en el caso de que los pronósticos se cumplan y la ultraderecha entre por la puerta grande al Palacio de Planalto.

Establecimiento de una “corporatocracia militar”:

Son amplias las simpatías que Bolsonaro ha expresado hacia la dictadura militar que se vivió en Brasil. Su triunfo representaría la conformación de un triunvirato en el que élites financieras transnacionales, partidos de ultraderecha y el Ejército administrarían cada aspecto de los asuntos públicos. El papel de la Fuerza Armada será determinante y al respecto ya ha asegurado que “llevará las riendas” del país.

En el ámbito económico, ya cuenta con el piso neoliberal cementado por Michel Temer, y no tendrá que sufrir el desgaste ante la opinión pública de haber ordenado la privatización de más de cincuenta empresas públicas. Bolsonaro solo tendrá que garantizar que el desmantelamiento del país siga su rumbo, mientras que el triunvirato se concentra en negociar las principales reservas energéticas.

El odio como política de Estado:

No muy lejos de Brasil, en Venezuela, pudimos atestiguar durante el año 2017 cuales son las nefastas consecuencias de unir la política con los discursos de odio. Los dirigentes políticos de oposición llamaron a sus seguidores a perseguir y acosar a cualquiera que se identificara con el chavismo. De los más de 100 muertos durante las protestas violentas, 30 de ellos fueron por crímenes de odio.

Si Bolsonaro y su discurso es legitimado en las urnas electorales, las matemáticas del fascismo serán implacables. Al sumar a un clima altamente polarizado las siguientes frases: “No merecería ser violada porque es muy mala, muy fea”, “El error de la dictadura fue torturar y no matar”, “si veo a dos hombres besándose en la calle, les voy a pegar”, “No voy a dar ni un centímetro a las reservas indígenas”, “haré una limpieza a fondo” y “los marginales rojos” serán “borrados del país”, el resultado no podrá ser distinto al que la historia nos ha demostrado tantas veces: la muerte y la persecución de los inocentes.

El asesinato de la activista Marielle Franco, ocurrido en Río de Janeiro este año, puede ser un claro aviso de lo que les espera a las minorías étnicas, afrobrasileños y comunidad LGTBI de ganar Bolsonaro.

Un dato, surgido de las investigaciones del crimen de Marielle, apunta a que miembros de cuerpos policiales estaban involucrados. Según los investigadores las municiones usadas en el asesinato “formaban parte de varios lotes que se vendieron a la Policía Federal de Brasilia”.

Apenas siete meses después de este hecho, el candidato de la ultraderecha declara ante el Batallón de Operaciones Policiales Especiales de Brasil (BOPE) que ellos serán parte central de su Gobierno. No es de extrañar que los brasileños se encuentren preocupados porque los temidos ‘Escuadrones de la muerte’ regresen al país, esta vez con la simpatía, apoyo e impunidad que solo puede ofrecer un “nostálgico de la dictadura” como Jair Bolsonaro.

Marines en el Amazonas:

Es posible que, para imponer su ley marcial al interior de Brasil, un Bolsonaro en funciones de Gobierno busque en Venezuela un anhelado y artificial ‘enemigo externo’ que le facilite consolidar un mando político subordinado al ejército y le brinde la posibilidad de imitar las libertades y derechos civiles usando la carta del conflicto bélico.

Lo más escandaloso de esta declaración es que afirma que no necesariamente podría tratarse de una “intervención militar”, sino que incluso se evaluaría el “financiamiento a grupos de oposición” e incluso estarían dispuestos a implementar “acciones graduales”.

Dichas acciones podrían conformar una estrategia de guerra proxy o subsidiaria, en el que se contraten grupos paramilitares (provenientes de las zonas de minerías ilegal) con el fin de desestabilizar el flanco sur de Venezuela, lugar donde se encuentra el Arco Minero, que cuenta con grandes reservas de oro, diamantes, coltán, hierro y tierras raras.

En este posible escenario, el estado de Roraima es el que luce con la mejor posición estratégica para impulsar una iniciativa semejante. Recordemos que es en este lugar desde donde vienen ocurriendo los episodios de mayor tensión entre Venezuela y Brasil.

Por otro lado, Estados Unidos ha mostrado ya sus intenciones de instalar una base militar permanente en la Base Aeroespacial de Alcántara, en el estado de Maranhaos. Copiando los acuerdos ya firmados con Lenin Moreno (Ecuador) y Mauricio Macri (Argentina), el Pentágono aspira que ahora sea Brasil quien se transforme en su nueva base de influencia en la región.

Balcanización y privatización del territorio:

Una victoria de Bolsonaro llevaría las políticas de privatización al primer puesto de prioridades del Gobierno de Brasil. Y no hablamos solo de industrias y empresas básicas, sino también del territorio. Una de las zonas más vulnerables, la constituye precisamente la frontera norte de Brasil, en especial el estado de Amapá.

El antropólogo Bruno Caporrino, entrevistado por The Guardian, ha alertado sobre la situación crítica que viven los habitantes de esta zona, como resultado de las políticas gubernamentales que promueven el desplazamiento de campesinos para que sus tierras sean entregadas a la agroindustria de la soya y también a las transnacionales petroleras.

Al respecto afirma: “Amapá está en un punto de ruptura. Los pobres son cada vez más pobres. Los grandes productores de soya se están mudando. El gobierno dice: ‘Traigamos soja y petróleo, construyamos nuevas carreteras y grandes represas, hagamos más fácil la deforestación de áreas protegidas’. Está sucediendo rápido. Amapá es la última frontera. Si se va, el Amazonas se vuelve aún más vulnerable”.

Por último, existe un asunto de enorme interés que ha pasado casi desapercibido, pero que ante una posible presidencia de Bolsonaro, viene a constituir una hipótesis plausible: se trata de la reactivación de los referéndums y movimientos separatistas, en especial los del sur de Brasil.

A pocos días del balotaje, este ejercicio sólo sirve para prevenir sobre el peligro que representa Jair Bolsonaro, no sólo para Brasil sino también para toda la región. Aunque puede que no sea la prospectiva el mejor antídoto, sino la voz de Caetano Veloso la que tenga un efecto mucho más potente a la hora de conjurar esta grave amenaza.

Aunque la historia sigue imponiéndonos a base de castigos cíclicos duras lecciones que nunca parecemos metabolizar del todo, cada esfuerzo, cada iniciativa cuenta. Se lo debemos a quienes nos precederán. Se lo debemos a quienes dieron la vida por la democracia en Brasil.

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