El renacimiento de Tiger Woods

Con su consagración en el Masters de Augusta, el estadounidense volvió a ganar un Major tras 11 años.

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“¿Podré alguna vez volver a vivir sin dolor?”. Tiger Woods no se lo preguntó de forma poética. No había retórica en sus palabras. Las dolencias, las inyecciones, los problemas… Todo era demasiado. Donde alguna vez había brillado el sol, todo se había vuelto oscuridad. Para colmo, sus intentos por volver habían terminado en la nada. Con más dolores, con más frustraciones. El moreno golfista, uno de los mejores en lo suyo en toda la historia, parecía condenado a ser un hermoso recuerdo. Lo creían muchos. Él, no. Él quería volver a disfrutar. Primero, de su vida; luego, del juego. Por eso, esta consagración en el Masters de Augusta, el certamen más emblemático del mundo del golf, es una de las mayores hazañas que el deporte profesional haya conocido en la historia toda.

Los contextos son muy disímiles. Principalmente, por la cuota de exigencia física de cada disciplina. Pero imagine usted que Roger Federer, así de casi “perfecto” como es, se vea envuelto en un escándalo matrimonial, caiga preso, se repita en lesiones y desaparezca del mapa tenístico. Y que, de repente, un día vuelva y gane Wimbledon a más de una década de su última conquista en la Catedral del tenis. Parece un despropósito plantear tal escenario, ¿no? Bueno, eso, a grandes rasgos, es lo que consiguió Woods. Pasaron 3.954 días. 565 semanas. 130 meses. Casi 11 años de su último Major. 14 de su último Masters.

¿Cómo era el circuito PGA cuando Woods ganó un grande por última vez? Vale un repaso por aquellos que ayer estuvieron cerca de pelearle la corona. Francesco Molinari daba sus primeros pasos en el circuito europeo; todavía le faltaban siete años para incorporarse al norteamericano. Dustin Johnson tenía 24 años y recién empezaba a gatear en el profesionalismo. Brooks Koepka apenas había terminado el colegio secundario.

El ahora 15 veces campeón de los Grand Slams del golf había caído directo al infierno. Todo fue de mal en peor desde que en 2009 un simple choque automovilístico se convirtió en la punta del ovillo que terminó con el golfista reconociendo públicamente el adulterio y una “adicción al sexo” que destruyó su matrimonio. “Creí que podía salirme con la mía en cualquier cosa que quisiera. Sentía que había trabajado muy duro toda mi vida y merecía disfrutar todas las tentaciones a mi alrededor. Sentía que me correspondía”, dijo el día que pidió perdón públicamente.

Aunque mantuvo cierto protagonismo y hasta recuperó brevemente el liderazgo del ránking, parecía que ya no era el mismo. Y luego fue su propio cuerpo el que lo traicionó a él. Desde 2014, los problemas en la espalda lo llevaron a tres operaciones en tres años. El golf era prácticamente una utopía. Para entonces, con suerte podía caminar. Su último golpe fue una detención de parte de la policía por conducir bajo los efectos de un cóctel de sustancias que consumía para atenuar los dolores.

Con todo eso a cuestas, no se rindió. Siempre tuvo en el fondo las ansias de volver a competir. Y una vez que pudo dejar los inconvenientes físicos atrás, fue recuperando su forma. Ayer ganó el primero de los Masters en que no llegó al domingo como líder. Esperó con calma un traspié de Molinari que en algún momento parecía imposible e hizo lo suyo. Completó la ronda en 70 golpes (-2) y cerró con 275 (-13).

En el mismo lugar en que había abrazado a Earl, su padre, en 2005 (fallecido un año más tarde), esta vez se encontraba su hijo Charlie, cuyo abrazo dio la vuelta al mundo. También estaba su nena, Sam; su actual pareja, Erica Herman; y su mamá, Kultida.

“Tenía muchas dudas después de lo hace algunos años. Apenas caminaba, no podía sentarme, acostarme, ni hacer mucho de nada. Por suerte tuve la chance de volver a tener una vida normal. Y de repente vi que podía usar un palo de golf. Sentí que si podía acomodar algunas cosas, todavía tenía las manos para hacerlo. Mi cuerpo no es el mismo, pero aún tengo buenas manos”, reconoció Tiger, que también le dio un valor especial a la forma del éxito: “Había sido líder o co-líder en los 14 Majors anteriores. Haber ganado desde atrás probablemente lo convierta en uno de mis mayores triunfos”. Cuando se subió al liderazgo fue momento de enfocarse: “Me decía a mí mismo: ‘Ya estuve ahí, no fue hace tanto’”. Y tenía razón, al cabo. Después de todo lo que pasó en medio, sin embargo, las manos y la cabeza están. Y tras este retorno a la gloria, ¿cómo no pensar en el 1 del ránking y en los 18 trofeos de Jack Nicklaus?

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