Hidratarse bien reduce riesgos al conducir

En vacaciones ocurren miles de desplazamientos por carretera. Has revisado el coche, las maletas pero…¿Has planificado tu hidratación? Un balance hídrico adecuado ante el volante reduce los niveles de fatiga, ayuda a regular la temperatura corporal, mantiene el cerebro alerta y los músculos activos.

Hidratarse bien reduce riesgos al conducir

El catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, Luis Serra, como miembro del comité científico asesor del European Hydration Institute (EHI), recomienda a los conductores que se mantengan hidratados bebiendo cada dos horas, coincidiendo con las paradas.

Si no lo hicieran podrían sufrir dolores de cabeza, cansancio y pérdida de concentración, lo que afecta al estado de alerta física y mental y poniendo en riesgo la seguridad.

Conducir en un coche con la temperatura alta estimula la sudoración, la pérdida de agua, sales minerales y electrolitos. Las pérdidas de agua pueden ser incluso mayores cuando se utiliza el aire acondicionado en viajes largos, apunta el European Hydration Institute, fundación que investiga los efectos de la hidratación en la salud.

¿Cómo organizo mi plan de hidratación?

Tener en cuenta los necesidades personales de hidratación y ajustarlas durante el viaje, al clima del destino y a las actividades planeadas.

Parar regularmente para recobrar fuerzas, estirarse y beber líquido que reponga el perdido a través de la orina y el sudor.

La variedad de bebidas y alimentos ricos en agua ayuda a mantener un nivel adecuado de hidratación, alternando el agua con refrescos, leche o zumo descartando cualquier tipo de bebida alcohólica.

“Las bebidas que contienen cafeína y azúcar, como el café o el té, ayudan a mantener o aumentar el nivel de alerta”, en la carretera, apunta Luis Serra.

Según el European Hydration Institute, con un déficit de fluidos del 1% del peso corporal se reduce la capacidad física y cognitiva y también la regulación térmica mientras que la función cardiovascular puede verse afectada.

Si el déficit de fluidos es del 2% del peso corporal ya se presentan dificultades en la capacidad de concentración, dolores de cabeza, irritabilidad y problemas a la hora de conciliar el sueño.

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