¿Internet mató el negocio de la música?

¿Internet mató el negocio de la música? Ahora, las bandas graban para el streaming

Las nuevas plataformas les permiten a los músicos dar a conocer sus canciones y llegar a distintas geografías a un costo relativamente bajo y con mucha autonomía. Pero las regalías siguen siendo bajas, obligando a replantear el negocio discográfico.

Antes, estaba la radio. Para un artista el summum de la popularidad era tener un lugar en una de las estaciones de moda. Significaba llegar a un público masivo y jugar una rifa en las grandes ligas: con un poco de suerte la canción bien podía convertirse en hit y significar, para el compositor e intérprete, un vuelco en su economía personal y una chance de llegar al estrellato.

Las nuevas tecnologías le pintaron la cara a ese viejo juego. La manera de consumir música ya no pasa por la radio sino por internet; hoy, quien manda es el streaming. Por su impacto es tan revolucionario como en su momento lo fueron la televisión o la prensa gráfica, pues facilita la forma de acceder a producciones que antes dependían del dial o de MTV. Hoy con un simple teléfono móvil y una aplicación —como Spotify, Deezer o Apple Music— los usuarios tienen acceso a millones de canciones, discos, artistas y bandas de todas las épocas y todo el mundo.
Los números son la mejor prueba.

El segmento del streaming tiene más de 112 millones de suscriptores pagos en todo el mundo, según la International Federation of the Phonographic Industry (IFPI), el ente regulador más importante del sector. Nada mal considerando que, hace unos años y también por el avance de tecnologías P2P que ayudaban a piratear discos, le habían dado la extremaunción a la industria musical.  “El objetivo es recuperarla”, afirma Rodrigo Decono, gerente digital para el Cono Sur de la discográfica Universal Music Group (UMG). “Se estaba muriendo por distintos motivos: nuevos hábitos de consumo, precios altos e, incluso, por cuestiones prácticas.

Con el streaming, se revitalizó el segmento: la facilidad para difundir ayuda a los músicos, porque cualquiera que genere contenido está online. Y desde el lado del consumidor, los jóvenes pueden acceder a música que no conocen”, reconoce.

Nada fácil

Pero, como cualquier cambio, la adaptación no es sencilla. Las primeras que tienen que evolucionar a nuevos formatos son las bandas. Si ellas no impulsan la incorporación de su música a la revolución digital, se pierden una gran oportunidad de negocio.

“Los artistas modernos comprenden rápido y saben direccionar a los fans. Con los consagrados cuesta más.”

“Ahora tenemos en cuenta otras cosas, como las listas virales de Spotify o la presencia en otros países. La llegada es mucho más amplia, te permite expandirte en otros lugares y tener un alcance que antes era impensado”, afirma el guitarrista de la banda de rock El Bordo, Diego Kurz. Un tema de su último disco, “Corazones olvidados”, apareció en varias listas internacionales lo que, para él, significa una verdadera democratización del sector.

La agrupación uruguaya No Te Va a Gustar (NTVG) también innovó en este ámbito. Su líder, Emiliano Brancciari, asegura que “los nuevos formatos brindan una inmediatez nunca antes vista”.

Este tipo de bandas, que supieron adaptarse en el momento justo, son las mayores beneficiadas por el streaming. Pero para los músicos consagrados, el camino al streaming está lleno de espinas: están acostumbrados a una metodología de trabajo “más física” y se les hace difícil adaptarse. “Los artistas modernos comprenden más rápido el modelo y saben direccionar a los fans. Con los consagrados cuesta un poco más. Hay que llevarlos con tiempo, mostrando lo que hacen sus pares de segmento”, acota Decono.

Era de rankings y singles

El fenómeno viral del tema de reggaetón “Despacito” de Luis Fonsi con Daddy Yankee —con más de 330 millones de reproducciones en más de 60 países— rompió todos los récords y demostró cómo estas plataformas son un canalizador y un puente cultural para todo el planeta. “Es un fenómeno 100 por ciento nuevo. El consumo vía streaming ha dado a los artistas la posibilidad de romper las barreras geográficas y culturales. ‘Despacito’ es un claro ejemplo de este fenómeno”, comenta respecto de este éxito Mia Nygren, directora general para la región de Spotify.

Hoy se pone en el centro al ranking, donde se instala una fiera lucha para ver quién tiene el número uno en la mayor cantidad de países, quién es el más popular en el mes o qué tema es el más viral de la temporada. “’Despacito’ rompió barreras idiomáticas en Rusia y China. Eso reemplaza lo que en otro momento era el ranking de Billboard pero con actualizaciones día a día”, asevera Decono.

De la mano llegan los singles, una moda que se recicla gracias a las facilidades que tienen las plataformas digitales. Es que para un artista tiene el mismo costo subir un disco de 14 temas que un single viral, más allá de la inversión para la producción. Con este concepto en mente planifica parte de su contenido Julio y Agosto, una banda indie-folk argentina que se aleja de las grandes disqueras.

Es el tema del momento. Ahora estamos planeando lanzar tres canciones exclusivamente para las plataformas, un videoclip y un disco largo a fin de año. Así tenés algo nuevo siempre”, dice el guitarrista y cantante de la banda, Miguel Canevari. “Esto permite hacer cosas inéditas y subir temas en vivo; los singles tienen mucho lugar, como al principio”, agrega.“La tendencia va para ese lado, con los singles de corta duración o los vivos”, desliza Kurz. El Bordo realizó en 2015 varios shows en el Teatro de Flores y algunos de estos temas inéditos fueron subidos directamente a Spotify. Esta idea permite imaginar que, dentro de algunos años, los discos largos perderán algo de fuerza y volverán a ganar terreno este tipo de contenido.

Cambio de formato, no de negocio

La evolución de los formatos —empezando con los vinilos, continuando con los cassettes, CD y ahora el streaming— no cambió el negocio, que se mantiene vigente bajo las mismas reglas. “En líneas generales, se mantienen igual los ingresos de las bandas. La industria no está desarrollada al 100 por ciento y quizás haya malentendidos respecto de la participación de cada uno”, afirma el gerente digital de UMG y enfatiza que “existen muchos mitos” alrededor del negocio de la música. “Muchos se opusieron al streaming y luego se sumaron; lo mismo pasó con los discos al principio, también se decía que se pagaba poco.”

Por esta situación —las bandas creen que deberían ganar más por sus escuchas vía streaming— es que el vivo y el producto inédito se han revalorizado en el último tiempo. Hoy el ingreso fuerte son los shows. “No es significativo el ingreso por escuchas en streaming, por lo menos para que la banda subsista. Tiene que cambiar la ecuación, porque se invierte mucha plata en el disco y las plataformas se quedan con la mayor parte de dinero, sin destinar nada en el producto final”, señala Kurz. La mayoría de las bandas de renombre cuentan con “agregadores de contenido”, empresas dedicadas específicamente a subir todo lo que se produce a las plataformas de streaming, lo que reduce aún más los números finales que quedan para los músicos.

A pesar de esto, sus protagonistas sostienen que el formato físico sigue vivo pero con un nicho específico, apuntado al coleccionismo. NTVG lanzó su nuevo disco, “Suenan las alarmas”, con una estructura tradicional de 12 temas “para que entren en un vinilo, con un orden y duración”. A pesar de eso, buscan que sea escuchado en todos lados y en cualquier formato dándoles mucha importancia a todos los componentes digitales. “Hay lugares donde el disco físico no llega pero sí el streaming y que se escuche en el mismo día en el que fue lanzado impacta en los números”, agregan desde la banda.

Para Julio y Agosto el escenario es similar pero con algunas diferencias. Al igual que muchas bandas del under, ellos difundían sus discos de forma gratuita en una plataforma online llamada Bandcamp. Allí, sus fanáticos podían descargar su música sin costo alguno. Sin embargo, desde la proliferación del streaming, este modelo quedó obsoleto. Canevari observa: “Nadie descarga discos y lo que ganamos es bastante bajo, aunque a la larga terminamos cobrando por música que antes era imposible monetizar”. Además, agrega que este dinero “ayuda pero no sirve para subsistir”, mientras que ellos se mantienen por los recitales y lo que cobran por sonar en la radio y la televisión gracias a la Sociedad Argentina de Autores y Compositores de Música (SADAIC). “En algún momento deberán engranar las empresas de streaming con SADAIC”, menciona el cantante.

Herramientas del cambio

Ante un momento tan positivo para la difusión de contenido y con la posibilidad de contar con estadísticas en tiempo real, las bandas comenzaron a aprovechar todos estos condimentos para planificar su futuro. Los números de escuchas con su respectiva ubicación geográfica y el feedback en redes sociales son un aliado a la hora de planificar giras y recitales fuera de su tierra natal.

“Todavía no estamos al tanto de todos los movimientos en las plataformas de streaming. Sin embargo, seguimos de cerca lo que pasa en redes sociales, donde sabemos que tenemos seguidores de México, Chile, Colombia, España y Uruguay”, agrega Canevari y explica que ya planificaron algunas giras en el pasado por México cuando vieron la cantidad de gente que los seguía allí.

Kurz cuenta que este año empezaron a interiorizarse con las métricas y comparar datos, un concepto nuevo para ellos. A su vez, estos números son tenidos cada vez más en cuenta porque son datos que permiten conocer al público que los sigue de cerca. “Lo más importante es estar atento a lo que va surgiendo y aprovechar todas las herramientas”, expresa el baterista de NTVG, Diego Bartaburu.

Aunque el negocio de la música se reinvente todos los días, el espíritu se mantiene vigente. El salto de plataformas y las nuevas herramientas les abren un abanico de posibilidades a los artistas que encuentran aliados en cada rincón. “Sería muy aburrido si nos quedamos acá. La mejor forma de ver el futuro es ver la historia”, finaliza Decono.