Juntos para todo, ¿desgaste o bendición?

Cuando no sólo se convive sino que también se comparte el trabajo con el otro, pueden aparecer aspectos que desgastan la relación y atentan además contra la individualidad. ¿Cómo encontrar el equilibrio?

Juntos para todo, ¿desgaste o bendición?

Vivir juntos, y además trabajar en el mismo espacio, con iguales horarios. ¿Cómo se puede proteger el vínculo de estas parejas, sin que entendiblemente existan algunos cimbronazos o roces? Antes que nada es bueno remarcar que no existen recetas mágicas ni fórmulas que les sirvan a todos por igual. La subjetividad, vivencias, pactos y estructura relacional de cada dupla (y el trabajo consiguiente para evitar el desgaste de estar todo el día juntos, literalmente hablando) será determinante en cada experiencia.

Lo que sí existen son pautas generales para que, a modo de guía, ayuden a cómo pararse frente al tema.
Por ello la psicóloga vincular Paula Corso acerca parámetros para analizar, rescatando no sólo los “contra” que puede implicar para una pareja estar todo el día juntos sino también los “pro” que incluyen este tipo de relaciones y cómo enriquecer el espacio individual.

Juntos, pero no mezclados

Sería genial que todo lo que se piensa resultara en lo concreto de la manera en cómo se soñó, pero en la realidad las cosas cambian. Eso no es bueno ni malo, sino más bien humano. El desafío se reparte entre poder verse a uno mismo, y convivir como un engranaje sólido con la pareja a nivel laboral, con la que no sólo se comparte la cotidianidad de lo afectivo sino con quien también se trabaja.

“No hay que dejar de ver los ‘pro’ de este tipo de vínculos, ya que una pareja que decide no sólo convivir sino que además apuesta a trabajar codo a codo en lo mismo, implica que tiene en mente y en lo concreto, un proyecto de vida fuerte. Es decir que esa dupla no sólo se ha proyectado a estar junta en lo afectivo sino también en lo productivo. Ha apostado a la pareja en todo sentido y esto es más que positivo”, enfatiza Corso.

Sin embargo, por otro lado, la profesional destaca que el parámetro de la cotidianidad que aparece cuando la pareja tiene vida y espacios en común tiene sus consecuencias. “Se genera que las diferencias, conflictos y proyectos económicos y laborales hacen que todo sea más complejo que en otra pareja que tiene, por ejemplo, ámbitos laborales diferenciados”.

– ¿Cómo se puede trabajar en este sentido el vínculo?

– Equilibrar no es sencillo pero compartir muchas cosas con el otro implica saber más de él o ella, y eso es muy bueno, ya que si se logran superar los conflictos y resolverlos siguiendo para adelante, esto hace que la pareja sea más fuerte. Eso sí, también tienen que acordar la generación de espacios propios, como un modo de oxigenarse. Se pueden pautar lugares, actividades, o vivencias en donde el otro no esté incluido, como una manera de proteger el vínculo. Todo dependerá de la fortaleza de cada pareja.

– ¿Siempre necesitamos cierto grado de independencia, más allá de los proyectos en común?

-Cada persona necesita un espacio en donde pueda sentirse plena y crecer, sin que el otro esté incluido. Una pareja que comparte tantas cosas, puede perderse si no vislumbra que, si bien hay mucho en común desde lo afectivo y laboral, es enriquecedor el espacio propio para fortalecer el lazo. Por ejemplo, desde la actividad física a otras de capacitación, aprendizaje, o socialización con grupos de afinidad u ocio.

– ¿Es bueno o negativo hablar lo laboral en el hogar?

– Cuesta mucho hoy en día no hacerlo, aún para aquellos que conviven pero no trabajan juntos. Uno siempre lleva trabajo al hogar. Lo sano sería marcar y acordar que cuando se está en la convivencia hogareña, en lo posible, los temas y problemas de trabajo deben quedar fuera del ámbito del hogar. Insisto: es lo ideal y no es sencillo siempre lograrlo.

– ¿Qué debería tener en cuenta antes, una pareja que convive, pero además desea trabajar de manera conjunta?

– Es importante que compartan espacios, pero tienen que poder desarrollar cada uno su apuesta individual, al igual que los proyectos propios. Lo de la media naranja es un mito. Somos naranjas completas y es bueno vislumbrarse como tal.

Reflexiones para tener en cuenta

No descuidar las redes de relaciones. La relación de pareja seguramente ocupa el lugar principal de todas nuestras relaciones, pero no debe nunca ocupar el único lugar. Nuestra familia, amigos, y todos los vínculos que tengamos, también necesitan que les destinemos tiempo. No podemos centrar toda nuestra vida en la pareja porque conducirá a que nos aislemos de personas que también forman parte esencial de nuestra existencia.

La confusión de los espacios de poder es otro riesgo a considerar. Mientras que en una empresa el poder está establecido, en una pareja los roles son intercambiables “porque hay que cuidar que un conflicto en el ámbito laboral no termine contaminando la relación de pareja. Porque cuando uno está enojado, se necesita mucha inteligencia emocional para saber canalizar en el lugar y el tiempo correcto lo que uno necesita transmitir”, indica en sus escritos Damián Klor, especialista en terapia familiar y de parejas. Psicólogo y docente de la Cátedra Clínica Psicológica y Fisioterapia (Universidad Nacional de Córdoba).

– La interdependencia saludable. Según expone en diversos medios Marcelo Severio, doctor en Psicología: “Las parejas que trabajan juntas tienen una relación de interdependencia saludable cuando conservan elementos de individualidad, pero no pierden la identidad en el registro de la relación”.

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