Melconian presentó su libro «Cantar la justa»

Cantar la justa

Carlos Melconian presentó su libro «Cantar la justa» en el que explica por qué a Mauricio Macri le puso un cero en macroeconomía y cómo es la estanflación que le heredará al próximo presidente.

Hotel Casa Sur, séptimo piso, periodistas, amigos de toda la vida, familiares, importantes economistas que compartieron su gestión en el directorio de Banco Nación y su equipo de trabajo de la consultora Macroview acompañaron a Carlos Melconian en la presentación de su último libro.

Una charla que abordó mucho más que la coyuntura que analiza en «Cantar la justa. Por qué Argentina no consigue dar el gran salto hacia adelante», de editorial Planeta y que terminó con una obligada aclaración sobre su vínculo con Alberto Fernández y la estanflación que heredará de ser electo presidente en octubre: «El reperfilamiento y el control de cambios vinieron para quedarse», dijo.

A sala llena, Melconian fue respondiendo a lo largo de más de una hora las preguntas de Marcelo Longobardi acerca de su vida personal, de cómo llegó a ser un economista de habla campechana y de su paso por el Banco Nación, de sus advertencias al presidente Macri a lo largo de las distintas etapas de su gestión, que resumió en «la inacción fiscal con shock monetario» hasta el fin del crédito y la llegada del FMI, «el plan Picapiedra» para poner las cuentas en orden y el «plan perdurar» con el que busca llegar hasta final de mandato.

No era gradualismo versus shock; era consistencia versus inconsistencia. Macri se sacó diez en rumbo, cero en macroeconomía y algo por el medio en gestión.

No se ahorró críticas para el gobierno de Mauricio Macri, al que calificó con «un diez en rumbo, un cero en macroeconomía y algo en el medio en gestión».

Respecto del rumbo, Melconian destacó que «Macri fue su propio canciller» y advirtió que «el mundo funciona como el primer mandato de Menem» con un ministro fuerte como Domingo Cavallo y que Macri fue lo más parecido a eso desde entonces.

Dijo que «Macri subestimó la macro» porque comenzó el mandato preguntándole a cada sector empresario qué trabas desde la microeconomía debía remover y qué políticas necesitaba, pero que entre las políticas que necesitaban uno y otro sector había contradicciones. En lugar de proponer una macroeconomía coherente que saldara esas tensiones, se dio la discusión de «shock o gradualismo» y «no era shock versus gradualismo; era consistencia versus inconsistencia». Y los hechos mostraron que la propuesta de Prat Gay y la de Sturzenegger no podían coexistir.

En particular, respecto de Federico Sturzenegger dijo que se rodeó de pares «cuasifundamentalistas» como él y que eso fue un error porque no advirtió que «no era la emisión kirchnerista» para tapar el déficit fiscal por financiamiento con deuda externa, la cual se canjeaba por pesos que el Banco Central debía emitir, con lo cual «a la larga era lo mismo» y luego eran absorbidos mediante Lebacs. Estas Letras del Banco Central crecían a mayor velocidad que las reservas internacionales y, por lo tanto, la única forma de balancearlas era con una devaluación. «No lo decía, pero era una cosa muy obvia».

Una teta para tres terneritos

Si Macri heredó estanflación sin reservas, lo más probable es que le deje a su sucesor, estanflación, mucha deuda y muy pocas reservas, evaluó el economista y dijo que así se lo hizo saber a Alberto Fernández: «Leche en la teta y no quilombo, eso no existe».

En la metáfora de Melconian, los tres terneros que se amamantan de las reservas del Banco Central son las necesidades financieras, la demanda de dólares para atesoramiento y el retiro de depósitos privados por la creciente desconfianza.

Consultado acerca de si alcanza la leche para alimentarlos a los tres hasta el final del mandato, el economista explicó que en este momento hay aproximadamente un total de 28.000 millones de dólares en las reservas internacionales y que «esperemos que llegue con un poquitito, si no hay nuevos sobresaltos».

Para Melconian, el reperfilamiento y el cepo ‘vinieron para quedarse’ porque de las reservas se va llegar a fin de mandato ‘con un poquitito si no hay nuevos sobresaltos. USD 10.000 es una cifra generosa para un control de cambios guapo’.

Para que alcancen, aseguró que «al primero le dieron un palazo con el reperfilamiento» y, respecto del segundo ternerito, aseguró que «10.000 dólares al mes es una cifra generosa para un control de cambios guapo». En tanto que sobre el tercero, sostuvo que en la medida en que los otros dos se calmen, este se irá tranquilizando y ya «se tranquilizó un poco».

Por eso, adelantó que el reperfilamiento y el cepo «vinieron para quedarse», en especial «si Fernández es Fernández», es decir si actúa en línea con lo que hizo su vicepresidenta.

Una relación fluida desde 2005

Ineludible la pregunta por el vínculo con el candidato favorito para ganar en octubre. «Nos conocemos desde 2005, me llamó para que fuera a conocer a Kirchner y a él lo habré visto una docena de veces, algunas por Racing. Y cuando dejó el gobierno me llamó para mantener el vínculo. Vino al estudio, yo he ido a su casa…» sostuvo al tiempo que aclaró que «No me pidió un plan, ya él lo aclaró hoy públicamente».

En este sentido, ejemplificó que bien podría haberlo acompañado a Alberto a pasear a su perro y que nadie habría dicho nada; pero todo cambió desde que sacó más de 15 puntos de ventaja sobre Macri en las PASO y una reunión entre ellos da motivos a fantasías y suposiciones: «De pedo quedó el poll position para presidente, ¿yo qué culpa tengo?».

Respecto de una eventual participación en el gabinete de Alberto Fernández, respondió que: «Él tiene su tema interno. Tiene una vice ajedrecista que armó todo esto. Y él es ajedrecista, no boxeador», y remarcó que discrepa cabalmente con lo que ella hizo durante su gestión, pero que no por eso él dejaría de «ir para adelante» y colaborar con el país si se lo pidieran.

«No es que yo he sido de acá y me fui para allá», aseguró desmintiendo un borocotazo. «De hecho nunca he sido del núcleo duro del PRO. La independencia, la libertad es lo más lindo que hay».

«Después me bancaré todas las pelotudeces que salgan a decir», agregó.

Alberto tiene su tema interno. Tiene de vice a una ajedrecista que armó todo esto y él no es un boxeador, él también es ajedrecista. Yo discrepo con todo lo que hizo Cristina, pero no por eso dejaría de colaborar con el país si me lo pidieran.

Melconian aclaró que en el libro expresamente obvió su paso por el Banco Nación porque su objetivo es explicar lo que salió mal en el gobierno de Macri, pero fue inevitable la pregunta por su salida del principal banco público. «Fue una acumulación de cosas», dijo.

El economista recordó que su idea en el Banco Nación era hacer que fuera rentable como un banco privado y que ese había sido el mandato de Macri y que para eso había llamado a especialistas en el segmento de tarjetas de crédito porque «ahí los bancos hacen plata, no con los préstamos».

Sin embargo, desde el sector público le traían «bonos y bonos y más bonos, todo legal porque si no saben que les doy una patada en el traste, eso ya es un trade mark» y eso iba en detrimento del patrimonio del banco. «Lo dejamos ganando plata», aseguró en un contraste con la gestión de Javier González Fraga.

«Me echaron porque no quería que me sacaran la plata. El sector público lo cagaba siempre al Banco Nación, Subjefatura de gabinete me venía a mangar y les decía que no», resumió no sin antes recordar que se opuso a dar créditos UVA con 40% de inflación porque «eso era un jubileo que lo iba a terminar pagando el banco con la plata de la gente».

«Me dolió (que me echaran) porque habíamos logrado una buena relación con la gente», dijo, y recordó que con un «Yo no te jodo, vos a mí no me jodés» había conseguido una coexistencia pacífica con Sergio Palazzo, titular del gremio La Bancaria.

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