Nuestro planeta, más amenazado

Alieto Aldo Guadagni. Ex secretario de Energía. Miembro de la Academia Argentina de Ciencias del Ambiente.

Nuestro planeta, más amenazado

Trump es el presidente de los Estados Unidos, este es un hecho importante para el futuro de las relaciones internacionales de esta nación líder con grandes potencias como Rusia, China y la Unión Europea y también su vecino México, pero también para algo que hace al futuro de nuestra Tierra: la implementación de acciones globales para proteger al planeta del cambio climático.

La política de abatimiento de las emisiones contaminantes que impulse este nuevo gobierno republicano en los próximos cuatro años del mandato presidencial tendrá un gran impacto sobre el comportamiento de las restantes potencias “contaminadoras”.

En el mundo hay alrededor de 200 naciones, pero son 190 las naciones que representan apenas un tercio de las emisiones causadas por los combustibles. Nada menos que dos tercios de estas emisiones corresponden a China, Estados Unidos, Unión Europea, India, Rusia y Japón. Es evidente que no habrá una solución global efectiva para evitar el calentamiento global, que no parta de un acuerdo básico entre estos seis grandes contaminadores. Desde ya que este acuerdo puede no ser suficiente pero sí es necesario. No parece que estas naciones vayan a hacerse cargo del esfuerzo propio que pueda negar Trump.

El 2016 no ha sido propicio para la vida en nuestra Tierra, ya que fue el año más caluroso desde que se llevan registros; 16 de los 17 años más calurosos ocurrieron desde 2001 y la temperatura global ya se ubica 1,20 grados por encima del nivel de la Revolución Industrial de fines del siglo XVIII. Al mismo tiempo, las emisiones de CO2 acumuladas en nuestra atmósfera ya superaban en el 2016 las 402 ppm, es decir un 145 por ciento por encima del nivel de fines del siglo XVIII. Estas informaciones ayudan a entender la gravedad de lo que viene ocurriendo en los glaciares, los Andes, los Alpes, el Ártico, los océanos, a lo que debemos agregar la creciente frecuencia de desastres climáticos (sequías, inundaciones, incendios) en todo el planeta, incluso en nuestro país como es evidente en los últimos tiempos.

Las emisiones de CO2 causadas por los combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas), más la deforestación y algunas prácticas agropecuarias, contribuyen al aumento de la temperatura global. Desde 1973, las emisiones causadas por los fósiles más que se duplicaron; por eso es necesario reducir estas emisiones en los próximos años. Aún no ha concluido la era de estos fósiles, pero ya hemos comenzado a transitar hacia el fin de esta era, nacida con la Revolución Industrial; los cambios tecnológicos están abaratando las nuevas formas de energías limpias, desplazando de una manera gradual a las energías fósiles.

El interrogante es saber si este tránsito hacia las nuevas energías se está haciendo a la velocidad requerida por la preservación de nuestra Tierra. Es positivo que estén avanzando en todo el mundo las nuevas energías limpias, pero las evidencias indican que este avance aún no es suficientemente vigoroso para abatir rápidamente la utilización de fósiles; por eso se estima que en el año 2040 estaremos mandando a la atmósfera un 34 por ciento más que ahora de estos gases contaminantes.

Tengamos presente que están en juego grandes intereses económicos, ya que reducir en el futuro estas emisiones tendrá un gran impacto sobre el valor de los activos financieros vinculados a los recursos naturales fósiles. Los avances tecnológicos en la exploración y desarrollo de nuevos recursos fósiles han sido tan considerables en los últimos años que nunca hubo tantas reservas mundiales de fósiles como hoy; las reservas petroleras en 1980 cubrían 30 años de consumo, mientras que en la actualidad, a pesar de que el consumo de petróleo aumentó, cubren nada menos que 53 años.

La utilización plena de estas reservas fósiles, ya contabilizadas en los balances empresarios, no es compatible con la meta de no cruzar la barrera del aumento de 2 grados, como se acordó en la COP 21 (París, 2015).No hubieron grandes progresos en la reunión de la COP 22 en Marrakech, siendo notorio el impacto negativo en las deliberaciones producido por la elección del nuevo presidente de los Estados Unidos. No ayudó a mejorar las expectativas la designación como nuevo responsable de la Agencia Ambiental de los Estados Unidos, de un funcionario conocido por afirmar que el calentamiento global causado por los fósiles es modesto.

Tengamos en cuenta que el Acuerdo de París es como una ley, pero aún falta el desarrollo de sus reglamentos, que establezcan mecanismos efectivos y rigurosos para asegurar la reducción de las emisiones contaminantes. Esta es una carrera contra reloj; si perdemos 4 años por la inacción del gobierno de los Estados Unidos, no será nada fácil recuperar el tiempo perdido, y el daño ambiental a nuestra Tierra será considerable.

Ver más | Clarín

Ver más en El Reporte Especial | Medio Ambiente