Pendientes de los candidatos, empresarios ignoraron a los funcionarios

La expectativa para escuchar y acercarse a Macri, Massa y Scioli, pobres en definiciones, contrastó con la apatía con la que el establishment recibió a Vanoli y a Kicillof.

Muy pendientes de los candidatos, los empresarios ignoraron a los funcionarios

La convocatoria de la duodécima edición del Consejo de las Américas fue récord. Más de 900 empresarios reservaron su lugar para escuchar, en una sala repleta, a los tres candidatos a presidente que puntean en las encuestas. La expectativa fue tal que la organización debió agregar sillas en un salón contiguo, que suele funcionar como centro de prensa.

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Esas ansias por escuchar a los candidatos Mauricio Macri, Sergio Massa y Daniel Scioli (en orden de aparición) y acercarles tarjetas a sus asesores contrastó con la escasa atención que los asistentes prestaron a los funcionarios salientes. Tanto Axel Kicillof como Alejandro Vanoli, ministro de Economía y presidente del Banco Central, desfilaron en medio de la indiferencia de los ejecutivos de las firmas más importantes del país.

El presidente de la Cámara Argentina de Comercio (CAC) y anfitrión, Carlos De la Vega, prologó lo que vendría en las cinco horas de conferencias en el Hotel Alvear al mirar hacia el futuro. “La etapa de gobierno de 2003 a la fecha ha arrojado logros reconocidos, lo que no significa que queden muchas cosas por completar, por corregir y por hacer”, dijo, y pidió “dar lugar a una nueva idea de país en la que todos los sectores productivos tengan su lugar”.

Luego desfilaron los candidatos. Massa, Macri y Scioli contaron con quince minutos y no respondieron preguntas. Los escucharon, en las primeras filas del salón repleto, Alejandro Bulgheroni (Bridas) Luis Miguel Etchevehere (Sociedad Rural), Martín Migoya (Globant) y José Luis Manzano (Grupo Vila Manzano), entre otros. También políticos, como el radical Leopoldo Moreau y el oficialista Roberto Feletti. Los presidenciables apelaron a generalidades y repitieron conceptos que ya habían dicho. Sólo Scioli consiguió que lo interrumpieran con un breve aplauso cuando prometió “ir a buscar las inversiones” y hasta se permitió rememorar un diálogo en inglés con Ted Turner.

De los candidatos, sólo Massa pasó por el salón VIP junto con sus asesores económicos Ricardo Delgado, Marco Lavagna y Aldo Pignanelli. Scioli y Macri delegaron el lobby. José Scioli, el hermano del gobernador bonaerense, fue la principal espada sciolista en el ida y vuelta con los empresarios y aprovechó el evento para presentar el libro Lineamientos para el Desarrollo Económico y Productivo de la Fundación DAR. Por el macrismo estuvieron Rogelio Frigerio, presidente del Banco Ciudad, y su antecesor y diputado, Federico Sturzenegger.

Vanoli, en tanto, preparó una presentación en la que defendió el nivel y la composición de las reservas e intentó vincular a la entidad que preside con el desarrollo. En clave sciolista, propuso un “pacto social” para discutir “tarifas y salarios” y pidió abandonar “polaridades extremas”. Mientras disertaba, el ruralista Etchevehere charlaba en el pasillo con Migoya, de Globant, que esperaba para dar su exposición. Y José De Mendiguren, el diputado del Frente Renovador y dirigente de la UIA, se codeaba en el VIP con la embajadora en Estados Unidos, Cecilia Nahón, el secretario General de Presidencia, Eduardo De Pedro, y el CEO de Pampa Energía, Marcelo Mindlin.

Kicillof llegó para el cierre, que se demoró más de una hora. Para ese entonces, el salón que supo rebosar de gente estaba casi vacío. Pidió “que los candidatos hablen lo más posible de qué quieren hacer con la economía” y chicaneó a Macri y los economistas del Pro. “Ajuste económico y fiscal, apertura de la economía, es el plan económico de algunos candidatos, y los primeros que se perjudican con eso son los empresarios”, dijo.

Pero ya habían pasado las 13.30 y tres cuartos de los asistentes al Council optó por ir a almorzar. A pocos metros, ajenos a lo que sucedía en el auditorio, el presidente de la UIA, Héctor Méndez, y De Mendi guen, ordenaban algo de comer en el restaurante del Alvear.

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